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Un relato para detenerse un momento

Un cuento contra la pasividad y la indiferencia

A veces no podemos cambiarlo todo. Pero sí podemos cambiar algo para alguien.

Una mañana, mientras paseaba por la playa, vi a lo lejos una figura que se movía de manera extraña, como si estuviera bailando. Al acercarme, descubrí que era un niño que recogía estrellas de mar de la orilla y las devolvía al agua.

Le pregunté qué estaba haciendo. Me miró y siguió con su tarea.

—Lo que haces no tiene sentido —le dije—. Hay miles de estrellas en esta playa. No tendrás tiempo de salvarlas a todas.

El niño me miró fijamente, recogió una estrella de la arena y la lanzó con fuerza por encima de las olas.

—Para esta, sí tiene sentido.

Me marché desconcertado, sin poder explicarme aquella conducta. Esa noche dormí mal: soñé con el niño y con las estrellas de mar que volaban por encima de las olas.

A la mañana siguiente corrí a la playa. Busqué al niño y me puse a ayudarle a devolver estrellas al mar.

Una pequeña acción también cuenta

Para esta, sí tiene sentido.

Quizá no podamos resolverlo todo, pero siempre podemos empezar por aquello que tenemos delante.

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